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En medio de las sierras del departamento Pocho, a unos 120 kilómetros al noroeste de la ciudad de Córdoba, funciona una de las 35 escuelas primarias de la provincia que tienen un solo alumno matriculado. Se trata del Centro Educativo Pío Zárate, en el paraje Buena Vista Sierra, cerca de San Jerónimo, donde Andrea, de 10 años, cursa quinto grado bajo la guía de su maestra y directora, Fanny Correa.

La historia, difundida primero por el Gobierno de Córdoba y luego replicada por radios y portales de la región, tiene como protagonista a un proyecto escolar de hidroponía que llamó la atención mucho más allá de la escuelita rural donde nació.


Un viaje diario de kilómetros para llegar al aula

Andrea recorre unos 15 kilómetros cada día para llegar a clase, muchas veces a caballo o en moto junto a sus padres, por caminos que el clima serrano no siempre deja transitables. Su maestra hace un trayecto todavía más largo: más de 40 kilómetros diarios desde Salsacate, de los cuales solo una parte está pavimentada.

En el establecimiento, fundado en 1954, trabajan además una persona a cargo del comedor —pagada por la comuna de San Jerónimo, no por PAICOR— y toda una red de vecinos que, según contó Correa, se mantienen involucrados con la escuela aunque ya no tengan hijos en edad escolar.

 

De la huerta imposible a la hidroponía
El proyecto no arrancó como un plan de innovación tecnológica, sino como una respuesta a un problema muy concreto: la huerta tradicional que la escuela quiso armar no prosperaba porque vizcachas y otros animales de la zona se comían las plantas. Ante esa limitación, y sumadas las dificultades del suelo y el clima árido de la región, Correa y Andrea empezaron a investigar alternativas y llegaron al cultivo sin tierra.


Comenzaron a experimentar el año pasado con distintas variedades —lechugas, cebollas, rabanitos y hasta frutillas— usando un primer equipo pequeño que les aportó un vecino de la zona que pidió mantenerse en el anonimato. Ese sistema inicial, armado con caños de PVC, funciona con una bomba de pecera con termostato que hace circular el agua de forma permanente: las raíces quedan sumergidas en una solución con nutrientes mientras la parte superior de la planta, sostenida en una esponjita dentro de una mini maceta, recibe luz solar directa.

Según explicó la docente, el proceso arranca con la germinación de la semilla hasta que la planta desarrolla dos o tres hojas; recién ahí se traslada al sistema hidropónico, donde permanece con la raíz siempre en agua. Entre las ventajas que destacó figuran el ahorro de agua —que se reutiliza en un circuito cerrado—, la ausencia de agroquímicos o herbicidas, el menor uso de espacio y una cosecha que, al conservar la raíz, dura más tiempo una vez consumida.

 

Un aporte provincial y un nombre propio: "Hydro Vista, semillas del futuro"
El proyecto tomó impulso en diciembre de 2025, cuando el gobernador Martín Llaryora visitó la región y entregó un aporte de cinco millones de pesos que permitió empezar a pensar en un invernadero propio, ya que hasta entonces el equipo debía entrar y sacar del aula según el clima, lo que —según señaló Correa— generaba estrés en las plantas por no tener un espacio fijo. Ese dinero, contó la maestra a Radio Feedback, ya fue destinado y en estos días la escuela coordina con la comuna de San Jerónimo cómo organizar la compra de materiales y el armado de la estructura, que se levantará en el propio predio escolar.

Con ese respaldo nació el nombre oficial de la iniciativa: "Hydro Vista, semillas del futuro", un desarrollo pensado desde la realidad rural del lugar. A través de él, Andrea no solo incorpora contenidos sino que los aplica en un contexto real, desarrollando habilidades de cultivo y pensamiento crítico mediante el enfoque STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática), la metodología con la que la escuela aborda el proyecto de manera integral.

Como parte de esa segunda etapa, en la escuela ya probaron también el método de "raíz flotante" —una variante más artesanal y económica, con recipientes reciclados y planchas de telgopor— que buscan enseñar a los vecinos para que cada familia pueda tener su propia huerta hidropónica en casa.
Conectividad satelital para una escuela de monte
Otro de los factores que hizo posible que la experiencia se conociera fue la llegada de internet satelital Starlink al establecimiento. Se trata de un plan de conectividad para escuelas rurales que el Gobierno de Córdoba completó entre 2024 y 2025 y que alcanzó también a establecimientos de zonas de alta montaña. 

Esa misma política recibió un reconocimiento en los Premios NovaGob Excelencia 2025, en la categoría del programa "Puentes Digitales – Estamos Conectados", otorgado por la Fundación NovaGob, organización iberoamericana dedicada a la innovación pública.

Antes de contar con esa conexión, según relató Correa, la escuela no tenía siquiera señal de teléfono celular. Hoy, gracias al servicio satelital, Andrea y su maestra pueden investigar, participar de videollamadas con otras escuelas rurales —incluso de otros departamentos— y tomar clases de inglés a distancia. También esperan renovar el equipamiento informático, ya que las computadoras actuales son demasiado viejas para conectarse a internet.

 

Una escuela que no se mide por su matrícula
El Centro Educativo Pío Zárate funciona desde 1954, primero en una casa de familia y desde tres años después en su edificio propio, y es hoy una de las 1.169 escuelas rurales que tiene la provincia de Córdoba, dentro de las cuales 35 establecimientos primarios cuentan con un único alumno.

 

Para Correa, sostener ese tipo de instituciones "es garantizar el derecho a la educación" y fortalecer el arraigo de las comunidades rurales. La docente remarcó que una escuela no se mide por la cantidad de estudiantes sino por la calidad de los aprendizajes y los valores que allí se construyen.
El horizonte, además, es alentador: para el ciclo lectivo que viene se espera la incorporación de dos niños a la sala de 4 años —uno de ellos sobrino de Andrea—, y ya se proyecta un tercer ingreso para el año siguiente, lo que permitiría sostener y ampliar el proyecto de hidroponía con más manos en el aula.

 

El objetivo: que el conocimiento salga de la escuela
Tanto Correa como Andrea coincidieron en que la meta no es quedarse con lo aprendido puertas adentro. La docente planea replicar la experiencia con las familias y vecinos del paraje para que puedan producir sus propias hortalizas, y a mediano plazo aspira a formar una cooperativa integrada por la escuela y la comunidad. En esa misma línea, el equipo ya tiene programada una visita a un invernadero hidropónico en la ciudad de Córdoba para seguir capacitándose y avanzar hacia una producción con menos margen de error.

“Estamos representando a muchas escuelas rurales que todos los días trabajan con mucho compromiso y creatividad. Queremos demostrar que la innovación también nace en los lugares más pequeños”, resumió Correa sobre la repercusión que tuvo el proyecto en medios de toda la provincia y del país.
 

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